El impulso de la movilidad eléctrica en México está cada vez más vinculado a una transformación más amplia del panorama energético e industrial. A medida que se acelera la penetración de las energías renovables y se diversifican las cadenas de suministro en toda América del Norte, el transporte electrificado se perfila como una palanca estratégica para reducir las emisiones urbanas, modernizar las flotas y reforzar el papel de México como centro de fabricación para la movilidad de próxima generación.
El apoyo de las políticas impulsa el camino de México hacia la movilidad eléctrica. Las medidas incluyen descuentos en los peajes de las autopistas de la Ciudad de México y el Estado de México, exenciones del impuesto federal sobre los automóviles nuevos (ISAN) y deducciones del impuesto sobre la renta (ISR) relacionadas con la depreciación y el uso de vehículos propulsados por baterías eléctricas recargables.
La demanda de vehículos eléctricos está aumentando rápidamente. Según la consultora PRODESA, en 2024, las ventas de vehículos híbridos, híbridos enchufables y eléctricos de batería alcanzaron las 124.310 unidades, lo que supone alrededor del 8,3 por ciento del total de ventas de vehículos, lo que representa un crecimiento interanual del 68,7 por ciento. Los híbridos enchufables fueron el segmento de más rápido crecimiento, alcanzando una cuota de mercado del 21 por ciento dentro de las ventas de vehículos eléctricos a finales de 2024. Para 2025, las previsiones indican volúmenes globales similares, de aproximadamente 125.162 unidades, lo que sugiere que México está pasando de una fase de crecimiento inicial a una expansión más estable del mercado.
La infraestructura de recarga está creciendo al mismo ritmo. Según la Asociación de Movilidad Eléctrica (EMA), México cerró el año 2025 con 56.726 puntos de recarga en todo el país, lo que supone un aumento del 25,9 por ciento con respecto al año anterior, impulsado principalmente por las instalaciones privadas y residenciales. Las previsiones de mercado para las estaciones de carga señalan una Tasa de Crecimiento Anual Compuesta (CAGR) del 14,53 por ciento desde 2024 hasta 2029.
La huella industrial de México está fortaleciendo las perspectivas de la movilidad eléctrica. Los anuncios incluyen una inversión de 1.45 mil millones de dólares estadounidenses de Toyota para modernizar plantas en Baja California y Guanajuato para la producción de la próxima generación de la Tacoma, incluida una versión híbrida, y los planes de BMW para renovar la producción en San Luis Potosí para modelos eléctricos como el iX3. Más allá de los autos de pasajeros, México también se está preparando para la producción doméstica de Olinia, un mini vehículo eléctrico que se espera esté disponible al público a partir del primer trimestre de 2027 y ensamblado completamente en México, con un fuerte respaldo político.
La Ciudad de México es pionera en la electrificación de la flota de transporte público: su sistema Metrobús (BRT) ya ha convertido las líneas iniciales a autobuses 100 por ciento eléctricos, y se ha informado de que se están realizando pruebas con autobuses eléctricos biarticulados (27 metros, hasta 270 pasajeros) en la línea 1. A finales de 2025, se presentó el «Taruk», el primer autobús eléctrico certificado desarrollado en México, diseñado para una topografía urbana exigente con una autonomía declarada de hasta 385 km. A nivel nacional, se estima que 400 000 autobuses necesitarán ser sustituidos en los próximos 20 años, lo que abrirá un importante mercado para soluciones de depósitos y servicios de flotas de alto rendimiento.
El potencial de México es evidente: la capacidad de producción local, la expansión de las energías renovables y una base de clientes joven y afín a la tecnología podrían impulsar la penetración de los vehículos eléctricos por encima del 10 por ciento para 2026. Sin embargo, siguen existiendo obstáculos, en particular el desequilibrio entre la recarga privada y pública (especialmente la recarga rápida de CC en las zonas rurales), los elevados costos iniciales de los vehículos y las limitaciones de la red eléctrica, que pueden ralentizar la implantación de parques de recarga de alta potencia. La resolución de estos retos, mediante una planificación más inteligente de las infraestructuras, la inversión en la red eléctrica y las continuas señales del mercado, determinarán la rapidez con la que México podrá ampliar la movilidad eléctrica.