México es una de las economías más grandes de América Latina y un centro de fabricación clave dentro de las cadenas de valor de América del Norte en el marco del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA). El crecimiento industrial, especialmente en los sectores automotriz, electrónica, acero y logística, junto con las tendencias de relocalización de la producción (nearshoring), continúa impulsando la demanda de electricidad.
En 2023, la generación de electricidad alcanzó aproximadamente 351 TWh, mientras que el consumo aumentó entre un 3 por ciento y un 4 por ciento con respecto al año anterior [1]. Las previsiones a largo plazo indican un crecimiento continuado de la demanda, y se espera que el consumo de electricidad aumente significativamente de cara a 2038, lo que refleja la expansión industrial sostenida y las tendencias de electrificación [2].
Esta evolución está aumentando la presión sobre la capacidad de generación, la infraestructura de transmisión y la fiabilidad del sistema, especialmente en las regiones industriales. El abundante recurso solar de México y la rentabilidad de los sistemas fotovoltaicos ofrecen condiciones favorables para ampliar la energía solar como parte de la futura expansión de la capacidad.
México se encuentra dentro del denominado «Sun Belt» y cuenta con uno de los mayores recursos solares de América del Norte. La figura 1 muestra el potencial de energía fotovoltaica (PVOUT) medio a largo plazo en todo el país, expresado en kWh/kWp.
Los mayores recursos solares se encuentran en el norte y noroeste de México, donde los rendimientos fotovoltaicos anuales pueden superar los 2.000 kWh/kWp. Incluso las regiones con una irradiación solar comparativamente menor, especialmente en el sureste de México, suelen alcanzar rendimientos anuales superiores a los 1.300 kWh/kWp.
Como referencia, los rendimientos fotovoltaicos típicos en el sur de Alemania oscilan entre 1.000 y 1.100 kWh/kWp. Esto pone de manifiesto la importante ventaja natural de México para la generación de energía solar y ayuda a explicar el rápido crecimiento tanto de las instalaciones fotovoltaicas a gran escala como de los sistemas de generación distribuida.
La transición energética de México se está desarrollando dentro de un marco híbrido que combina el despliegue de energías renovables con un importante papel estratégico de la empresa estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Los marcos normativos actuales hacen hincapié en la seguridad energética, la fiabilidad del sistema y la ampliación de la capacidad. Al mismo tiempo, los avances normativos siguen configurando las condiciones de inversión, incluidos los marcos para la participación privada y los modelos mixtos de generación público-privados.
Las recientes reformas constitucionales y normativas han reforzado el papel del Estado en el sector eléctrico. En el marco actual, se espera que la CFE mantenga una participación de al menos el 54 por ciento en la generación de electricidad, mientras que las empresas privadas siguen participando a través de diversos programas de generación, inversión y colaboración. Este enfoque busca equilibrar los objetivos de soberanía energética con la necesidad de una inversión continua en capacidad de generación, infraestructura de red y tecnologías de energía limpia.
Se espera que la demanda de electricidad en México continúe creciendo de forma sostenida durante las próximas décadas. Los consumidores de los sectores industrial y comercial representan más del 70 por ciento de la demanda total de electricidad, lo que subraya la importancia de contar con un suministro eléctrico fiable y rentable [1].
Al mismo tiempo, el sistema se enfrenta a limitaciones estructurales:
Los escenarios de planificación prevén un aumento considerable de la capacidad de generación, de la infraestructura de transmisión y de las medidas de integración del sistema, con el fin de satisfacer el crecimiento de la demanda y mantener la estabilidad del Sistema [2].
La energía solar fotovoltaica se ha convertido en una de las tecnologías de más rápido crecimiento en el sistema eléctrico de México y contribuye cada vez más a satisfacer la demanda creciente.
En 2024, se instalaron aproximadamente 1.6 GW de nueva capacidad fotovoltaica, lo que elevó la capacidad instalada total a unos 12.6 GW [4]. La generación distribuida representa una parte significativa de esta expansión, con incorporaciones anuales que superan el 1 GW, impulsadas principalmente por los consumidores comerciales e industriales [4].
Los escenarios de planificación a largo plazo siguen previendo un importante despliegue de la energía solar. Según el PRODESEN 2024-2038, la energía solar fotovoltaica sigue siendo una de las principales tecnologías que se espera que contribuyan a las futuras ampliaciones de capacidad, con una previsión de aproximadamente 8.8 GW de capacidad fotovoltaica adicional a escala industrial entre 2028 y 2038, junto con un crecimiento continuado de la generación distribuida.
Los principales impulsores del despliegue de la energía solar fotovoltaica incluyen:
Aunque la energía solar a gran escala sigue siendo relevante, su desarrollo está estrechamente vinculado a la disponibilidad de la red eléctrica y a las condiciones de concesión de permisos. Por el contrario, la energía fotovoltaica distribuida ofrece una opción flexible para satisfacer la demanda a nivel local, lo que reduce la dependencia de la ampliación de la red detransmisión.
Por lo tanto, la energía solar fotovoltaica se está convirtiendo en un componente central del sistema energético en evolución de México, contribuyendo tanto a la cobertura de la demanda como a un suministro eléctrico rentable.
Con la creciente integración de fuentes de energía renovable variables, el almacenamiento de energía está cobrando importancia en el sistema eléctrico de México.
Aunque su implantación se encuentra todavía en una fase inicial, los recientes avances en materia de políticas apuntan a una clara trayectoria de expansión:
Estos avances reflejan una transición gradual de las tecnologías de almacenamiento, que pasan de ser aplicaciones piloto a desempeñar un papel definido en el apoyo a la estabilidad de la red, la integración de las energías renovables y la gestión de los picos de demanda.
Las tecnologías del hidrógeno y «Power-to-X» se están estudiando como parte de la estrategia de descarbonización a largo plazo de México, especialmente en los sectores industriales. Las iniciativas actuales se centran en el desarrollo de proyectos en fase inicial y en la evaluación estratégica. Su implantación a gran escala dependerá de los futuros marcos normativos, del desarrollo de las infraestructuras y de la reducción de costos.
A pesar de contar con recursos renovables favorables y de una demanda de electricidad en aumento, la transición energética de México se enfrenta a varios retos estructurales:
Estos factores son especialmente relevantes en regiones que experimentan un rápido crecimiento industrial, donde la demanda de electricidad está aumentando más rápidamente que la expansión de las infraestructuras.
Además de la generación de electricidad, México cuenta con condiciones favorables para las aplicaciones de energía solar térmica en los sectores residencial, comercial e industrial. El país es uno de los principales mercados de energía solar térmica de América Latina y ha desarrollado una posición especialmente sólida en las aplicaciones industriales de calor solar, gracias a la elevada irradiación solar, la importante demanda de agua caliente y el creciente interés por la descarbonización industrial. Las tecnologías solares térmicas pueden contribuir al suministro de calor a baja y media temperatura en sectores como el procesamiento de alimentos, la minería y el turismo. Estas aplicaciones ofrecen oportunidades para reducir el consumo de combustibles fósiles y apoyar la descarbonización sectorial.
El mercado se ve respaldado por una serie de mecanismos políticos y de financiación, entre los que se incluyen normas de construcción, requisitos municipales, programas de financiación e incentivos fiscales que fomentan la adopción de sistemas de calentamiento solar de agua. En varias aplicaciones residenciales, hoteleras y comerciales, los períodos de amortización pueden oscilar entre uno y cinco años, lo que favorece un despliegue continuo en el mercado. Estos factores, combinados con la elevada irradiación solar de México, posicionan a las tecnologías solares térmicas como una solución complementaria para reducir el consumo de combustible y las emisiones en el sector del calor.
Fuentes
A nivel mundial, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) se están convirtiendo en un componente fundamental de los sistemas eléctricos modernos. A medida que se acelera el despliegue de las energías renovables, las baterías facilitan la integración de la generación variable de energía solar y eólica, mejoran la flexibilidad de la red, reducen la congestión de la red, aumentan la fiabilidad del sistema y permiten un uso más eficiente de la infraestructura existente.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el almacenamiento en baterías es actualmente la tecnología de energía limpia de más rápido crecimiento en el sector eléctrico y se espera que desempeñe un papel fundamental a la hora de respaldar transiciones energéticas seguras y rentables en todo el mundo. [1]
En México, el almacenamiento está cobrando cada vez más relevancia a medida que crece la demanda de electricidad, se expande la actividad industrial y se acelera el despliegue de las energías renovables. Los sistemas de baterías pueden contribuir a la integración de las energías renovables, la gestión de los picos de demanda, la fiabilidad industrial, el equilibrio de la red y las aplicaciones híbridas de energía fotovoltaica combinada con almacenamiento.
El mercado del almacenamiento en México se encuentra todavía en una fase inicial en comparación con mercados más maduros, pero los últimos avances indican una clara transición de los proyectos piloto hacia el despliegue a gran escala y la planificación de sistemas.
En 2026, México identificó una necesidad indicativa de aproximadamente 935 MW de capacidad de almacenamiento en baterías autónomas distribuida en siete áreas de control regionales, y se prevé que la mayoría de los proyectos ofrezcan una duración de almacenamiento de unas tres horas y entren en funcionamiento antes de 2030.[2]
Este requisito refleja la creciente necesidad de flexibilidad en el sistema eléctrico mexicano, especialmente en aquellas regiones que experimentan un rápido crecimiento industrial, una mayor penetración de las energías renovables y limitaciones en la red de transporte.
A medida que la generación renovable sigue expandiéndose, el almacenamiento se considera cada vez más una herramienta estratégica para mejorar la fiabilidad del sistema, respaldar la estabilidad de la red y facilitar la integración de capacidad renovable adicional.
Las tarifas eléctricas comerciales e industriales de México ofrecen oportunidades atractivas para la implantación de sistemas de almacenamiento en baterías.
Varias categorías de tarifas industriales gestionadas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), entre ellas las tarifas GDMTO y GDMTH, incluyen cargos por demanda y estructuras de precios de la electricidad que varían en función de la hora.[3]
Para los consumidores comerciales e industriales, los sistemas de baterías pueden aportar múltiples beneficios:
Estas aplicaciones resultan especialmente atractivas para las industrias e instalaciones con un elevado consumo energético, en las que la fiabilidad del suministro eléctrico y la gestión de los costos de la electricidad son factores empresariales fundamentales.
El crecimiento mundial del almacenamiento en baterías está estrechamente vinculado al rápido desarrollo de las tecnologías de iones de litio, en particular el fosfato de hierro y litio (LFP) y otras composiciones químicas utilizadas en aplicaciones de almacenamiento estacionario y movilidad eléctrica.
La sólida base automovilística y manufacturera de México genera oportunidades para el montaje de baterías, la fabricación de componentes y la integración en la cadena de suministro. Las recientes inversiones en el montaje de baterías de alta tensión para vehículos eléctricos demuestran la creciente importancia de México dentro de la cadena de valor de las baterías en América del Norte. [4]
Al mismo tiempo, México sigue impulsando iniciativas relacionadas con los minerales estratégicos y las cadenas de suministro de baterías a través de instituciones como LitioMx, creada para apoyar el desarrollo de los recursos de litio del país.
Aunque el ecosistema de fabricación de baterías sigue evolucionando, están surgiendo oportunidades en los ámbitos del montaje de baterías, la integración de sistemas, el despliegue de sistemas de almacenamiento de energía y las aplicaciones industriales. Junto con la sólida base manufacturera de México y la creciente demanda de soluciones de almacenamiento de energía, estos avances podrían respaldar la participación a largo plazo del país en la industria regional de las baterías.
México ha dado recientemente pasos importantes hacia el establecimiento de un marco jurídico formal para el almacenamiento de electricidad.
En abril de 2026, la Comisión Nacional de Energía (CNE) publicó las Directrices Administrativas Generales para la integración de los Sistemas de Almacenamiento de Energía Eléctrica (SAEE) en el Sistema Eléctrico Nacional.[5]
El nuevo marco reconoce múltiples modelos de participación en el almacenamiento, entre los que se incluyen:
El marco normativo también establece requisitos relacionados con las autorizaciones, la explotación, la medición y la participación en el mercado eléctrico.
Aunque los detalles de aplicación y los mecanismos de mercado seguirán evolucionando, el almacenamiento cuenta ahora con un marco jurídico definido dentro del sector eléctrico mexicano. Esto supone un hito importante para los promotores de proyectos, los inversores, los usuarios industriales y los proveedores de tecnología.
Se espera que el almacenamiento en baterías desempeñe un papel cada vez más importante en la transición energética de largo plazo de México.
A medida que se amplía el despliegue de las energías renovables, las tecnologías de almacenamiento pueden contribuir a aumentar la penetración de las energías renovables, al tiempo que se mantiene la fiabilidad del sistema y la flexibilidad operativa. Las baterías también respaldan las estrategias de electrificación, ya que permiten un mayor uso de la electricidad renovable y reducen la dependencia de la generación basada en combustibles fósiles durante los periodos de máxima demanda.
Estudios internacionales recientes señalan de forma sistemática que el almacenamiento es un factor clave para la descarbonización de los sistemas eléctricos. En el caso de México, donde se prevé que la demanda de electricidad siga creciendo debido a la expansión industrial, la deslocalización cercana y la electrificación, el almacenamiento puede convertirse en un componente importante del desarrollo futuro del sistema.[1][6]
Además de facilitar la integración de las energías renovables, las baterías pueden contribuir a la modernización de la red eléctrica, aumentar su resiliencia, aliviar las congestiones y mejorar el aprovechamiento de la infraestructura de transmisión.
El almacenamiento de energía en México está pasando de ser un tema de debate sobre una tecnología emergente a convertirse en una oportunidad de mercado bien definida.
Los recientes avances normativos, la creciente demanda industrial, el aumento del despliegue de energías renovables y la evolución de los requisitos del sistema están sentando unas bases más sólidas para los proyectos de almacenamiento en baterías en todo el país.
Para ees México, esto supone una oportunidad para reunir a proveedores de tecnología, promotores de proyectos, usuarios industriales, organismos reguladores, inversores e investigadores que trabajan en el ámbito del almacenamiento, la flexibilidad, la integración de las energías renovables y el futuro del sistema eléctrico mexicano.
Fuentes